Ley 1116

De cada 10 empresas que llegan a la Ley 1116, aproximadamente 6 no logran superar la crisis.

Y hay una pregunta que, como financieros, consideramos necesario hacer:

¿Dónde está el financiero cuando una empresa decide entrar en reorganización?

La Ley 1116 es una herramienta fundamental del sistema empresarial colombiano. Permite que compañías con problemas de insolvencia puedan reorganizar sus obligaciones y buscar una salida que preserve la empresa, el empleo y el valor para los acreedores.

Pero hay algo que deberíamos discutir más.

Una empresa no se reorganiza solamente desde el punto de vista jurídico.

Se reorganiza, fundamentalmente, desde el punto de vista financiero.

Y ahí veo una oportunidad enorme de mejora.

El abogado presenta el proceso. El contador explica los números. ¿Pero quién diseña la recuperación financiera?

En muchos procesos de insolvencia, la participación del abogado es indispensable.

También lo es la del contador.

Pero existe una diferencia entre:

explicar cómo está la empresa y diseñar financieramente cómo la empresa va a salir adelante.

Los estados financieros pueden mostrar pérdidas.

El contador puede preparar y certificar la información.

El abogado puede estructurar jurídicamente el proceso y negociar con los acreedores.

Pero alguien tiene que responder preguntas como:

¿Cuál es la verdadera capacidad de pago de la empresa?

¿Cuánto puede pagar mensualmente sin destruir su operación?

¿Qué deuda debería reestructurarse y cuál debería mantenerse?

¿Cuánto capital necesita la empresa para volver a crecer?

¿Qué activos deberían venderse?

¿Qué unidades de negocio destruyen valor?

¿Cuál es el EBITDA normalizado?

¿Cuál es el flujo de caja disponible para los acreedores?

¿El negocio realmente es viable después de la reorganización?

Y quizás la pregunta más importante:

¿Cuánto vale la empresa si logra sobrevivir?

Porque una reorganización no debería limitarse a decir:

“Esta es la deuda que tenemos y este es el plazo que podemos pedir.”

Debería poder demostrar:

“Este es el modelo financiero que permitirá que la empresa genere caja, atienda sus obligaciones, mantenga su operación y vuelva a crear valor.”

El problema empieza mucho antes de la Ley 1116

Cuando una empresa solicita la reorganización, normalmente ya existen problemas que llevan meses o incluso años desarrollándose.

Ventas que crecieron sin rentabilidad.

Márgenes deteriorados.

Capital de trabajo descontrolado.

Deuda de corto plazo financiando activos de largo plazo.

Clientes que pagan cada vez más tarde.

Exceso de concentración.

Inversiones que nunca generaron el retorno esperado.

Y algo especialmente peligroso:

una empresa puede mostrar EBITDA positivo y estar destruyendo caja.

Por eso, presentar estados financieros no es lo mismo que presentar un plan financiero de recuperación.

La Ley 1116 no debería ser el primer diagnóstico financiero

Debería ser el último recurso después de haber intentado entender y corregir la estructura financiera de la compañía.

Un verdadero proceso de reorganización debería comenzar con preguntas financieras:

1. ¿La empresa es viable?

No basta con que tenga activos.

Debe existir un negocio capaz de generar caja en el futuro.

2. ¿Cuánto puede pagar?

No cuánto debe.

Cuánto puede pagar sin volver a quebrarse.

3. ¿Cuál es la estructura de capital adecuada?

La deuda, el capital de trabajo y el patrimonio deben estar alineados con la capacidad real de generación de caja.

4. ¿Qué debe cambiar en el negocio?

Si la empresa continúa haciendo exactamente lo mismo que hizo durante los últimos cinco años, ¿por qué debería obtener un resultado diferente?

5. ¿Qué necesitan los acreedores para recuperar el mayor valor posible?

Una liquidación puede destruir valor.

Pero una reorganización mal estructurada también puede simplemente postergar la liquidación.

El financiero debería estar en la mesa desde el principio

No para reemplazar al abogado.

No para reemplazar al contador.

Para complementar el equipo.

El abogado conoce el proceso jurídico.

El contador conoce la información contable.

El financiero debe convertir esa información en:

flujo de caja + estructura de capital + estrategia + viabilidad + creación de valor.

Porque el objetivo no debería ser simplemente:

“lograr que el juez apruebe la reorganización”.

El verdadero objetivo debería ser:

“Lograr que la empresa pueda volver a ser financieramente sostenible.”

Y aquí está la reflexión que queremos dejar:

Si una empresa llega a la Ley 1116, ¿no debería existir un financiero independiente que cuestione el modelo, construya el escenario de recuperación y determine si realmente existe una empresa viable detrás de la deuda?

La insolvencia no es solamente un problema jurídico.

Es, ante todo, un problema económico y financiero que finalmente se convierte en un problema jurídico.

Y cuanto antes lo entendamos, mayores serán las posibilidades de salvar empresas.

¿Su empresa necesita llegar a la Ley 1116 para descubrir cuál es su verdadera capacidad financiera?

Probablemente, no.

El mejor momento para hacer una reestructuración financiera es antes de que la insolvencia sea inevitable.

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